La noche del 6 de marzo de 1972 se derrumba un edificio de diez pisos en la calle Capitán Arenas de Barcelona. En el siniestro pierden la vida dieciocho personas. Se intenta desviar la atención de la opinión pública diciendo que la explosión está relacionada con un grupo de extrema derecha. La intención: esconder una explosión de gas natural, de reciente y todavía deficiente implantación, que está sustituyendo el gas ciudad, un producto mucho menos eficiente y más contaminante. Este caso puso de manifiesto la carencia de libertad de prensa y la intervención del sector energético sobre los medios de comunicación. Desgraciadamente, los siguientes años hubo otras explosiones; la compañía Gas Natural no pudo negar que su nuevo producto, el gas natural, era el responsable. Santiago Vilanova, que entonces era periodista y siguió todo el caso, acabó procesado por criticar el indulto real a todos los encausados por aquellas explosiones y por el sobreseimiento de los sumarios abiertos. Ningún juicio oral nunca pudo explicar los orígenes de las explosiones, frustrando los derechos de los familiares de las víctimas.
Schola delenda est?
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¿Quién diseña los planes educativos? ¿Con qué criterio se impone dicha legislación? ¿Debemos permitir que la escuela sea reducida a una simple fábrica de trabajadores? ¿O como institución pública debe prestar un servicio a la sociedad y formar ciudadanos conscientes, cultos y libres?
Schola delenda est? refuta las nuevas pedagogías que marginan los contenidos científicos y el prestigio del docente, un modelo que se reviste de modernidad e innovación con discursos pseudoprogresistas, pero que esconden un mensaje profundamente reaccionario. Pascual Gil reivindica la escuela pública como el lugar que promueva el pensamiento y fomente el espíritu crítico para crear una sociedad más reflexiva, para que los alumnos puedan convertirse el día de mañana en dueños de sus propias vidas.
